El dia después del Coronavirus: Fe, Esperanza y Caridad = SOLIDARIDAD

«Nuestros miedos no detenien a la muerte sino a la vida» -Eisabeth Kubler Ross

Hoy que nuestro centro gastronómico está cerrado por la prudencia cívica que todos deberíamos contemplar, nos hacemos eco de dos escritos que nos han parecido pedagógicos, trasmiten esperanza y es lo que mas necesitamos todos en estos momentos, pensar en el día después y tranquilizar nuestros ánimos, solo con serenidad, templanza y paciencia podremos salir de un atolladero inesperado, imprevisible e inaudito.

El primer escrito es de la psicóloga Italiana Francesca Morelli y que se ha hecho viral:

“Creo que el universo tiene su manera de devolver el equilibro a las cosas según sus propias leyes, cuando estas se ven alteradas. Los tiempos que estamos viviendo, llenos de paradojas, dan que pensar…
En una era en la que el cambio climático está llegando a niveles preocupantes por los desastres naturales que se están sucediendo, a China en primer lugar y a otros tantos países a continuación, se les obliga al bloqueo; la economía se colapsa, pero la contaminación baja de manera considerable. La calidad del aire que respiramos mejora, usamos mascarillas, pero no obstante seguimos respirando…
En un momento histórico en el que ciertas políticas e ideologías discriminatorias, con fuertes reclamos a un pasado vergonzoso, están resurgiendo en todo el mundo, aparece un virus que nos hace experimentar que, en un cerrar de ojos, podemos convertirnos en los discriminados, aquéllos a los que no se les permite cruzar la frontera, aquéllos que transmiten enfermedades. Aún no teniendo ninguna culpa, aún siendo de raza blanca, occidentales y con todo tipo de lujos económicos a nuestro alcance.
En una sociedad que se basa en la productividad y el consumo, en la que todos corremos 14 horas al día persiguiendo no se sabe muy bien qué, sin descanso, sin pausa, de repente se nos impone un parón forzado. Quietecitos, en casa, día tras día. A contar las horas de un tiempo al que le hemos perdido el valor, si acaso éste no se mide en retribución de algún tipo o en dinero. ¿Acaso sabemos todavía cómo usar nuestro tiempo sin un fin específico?
En una época en la que la crianza de los hijos, por razones mayores, se delega a menudo a otras figuras e instituciones, el Coronavirus obliga a cerrar escuelas y nos fuerza a buscar soluciones alternativas, a volver a poner a papá y mamá junto a los propios hijos. Nos obliga a volver a ser familia.
En una dimensión en la que las relaciones interpersonales, la comunicación, la socialización, se realiza en el (no)espacio virtual, de las redes sociales, dándonos la falsa ilusión de cercanía, este virus nos quita la verdadera cercanía, la real: que nadie se toque, se bese, se abrace, todo se debe de hacer a distancia, en la frialdad de la ausencia de contacto. ¿Cuánto hemos dado por descontado estos gestos y su significado?
En una fase social en la que pensar en uno mismo se ha vuelto la norma, este virus nos manda un mensaje claro: la única manera de salir de esta es hacer piña, hacer resurgir en nosotros el sentimiento de ayuda al prójimo, de pertenencia a un colectivo, de ser parte de algo mayor sobre lo que ser responsables y que ello a su vez se responsabilice para con nosotros. La corresponsabilidad: sentir que de tus acciones depende la suerte de los que te rodean, y que tú dependes de ellos.
Dejemos de buscar culpables o de preguntarnos por qué ha pasado esto, y empecemos a pensar en qué podemos aprender de todo ello. Todos tenemos mucho sobre lo que reflexionar y esforzarnos. Con el universo y sus leyes parece que la humanidad ya esté bastante en deuda y que nos lo esté viniendo a explicar esta epidemia, a caro precio”.

El otro es un fragmento del último post  «Quan es tanca una porta…» de nuestro amigo Alfons Duran Pich  que lo encabeza con esta frase de John F. Kennedy

“Existen riesgos y costos de actuar, pero son mucho menores que el riesgo a largo plazo de una inacción cómoda”-

 “Vamos a ver, ¿cuánta gente ha fallecido hasta ahora en el mundo por el famoso coronavirus? ¿Cuánta gente fallece cada año en el mundo? ¿Cuántos niños menores de cinco años fallecen anualmente por causas diversas, sobre todo por desnutrición? ¿Cuántas personas fallecen por el Sida y derivados? ¿Cuántos mueren por accidente en carretera? ¿Cuántos por homicidio?

La primera cifra la puede poner el lector (mi estimación es 5.000). Las otras son éstas (según Oxford University) :

  • 56 millones fallecen cada año.
  • 5,6 millones (niños menores de 5 años).
  • 1 millón (Sida).
  • 1,3 millones (accidentes carretera).
  • 000 (homicidios).

¿Esto significa que debemos relajarnos? No. Significa que debemos dar a este tema la dimensión que corresponde y nada más.

Significa que la vida sigue y que “detrás de cada nube hay un rayo de luz”. Podríamos añadir que incluso esta sacudida puede permitir un cierto saneamiento de algunos comportamientos que la sociedad globalizada ha estimulado. Es bueno que aceptemos disciplinadamente algunas medidas que tratan de protegernos (como lo han hecho ejemplarmente los ciudadanos chinos); es bueno que tomemos frutas y verduras de proximidad (y no de “allende los mares”); es bueno que rescatemos las bondades de la higiene personal; es bueno que recuperemos los gozos de la vida en el hogar; es bueno que reduzcamos nuestra cartera de actividades de ocio; es bueno que aprendamos a estar solos; es bueno que nos besemos menos (cuando el beso es una simple convención social).

Los científicos alemanes, ciudadanos de un país serio en términos informativos, predicen que el contagio puede alcanzar entre un 60 y un 70% de la población alemana, aunque añaden que en el 80% de los casos el contagio será muy leve, sin que el propio interesado llegue a enterarse. El doctor Anthony Fauci, la máxima autoridad de Estados Unidos en el campo de las enfermedades infecciosas, compara la tasa de mortalidad del virus común (0,1%) con el del coronavirus (1%), que es diez veces superior pero continúa siendo bajo. El gobierno italiano sigue el modelo chino y prácticamente bloquea cualquier actividad comercial. El gobierno británico y de cara a la ciudadanía toma un camino opuesto; se limita a pedir calma (“keep calm”) y a recomendar mayor frecuencia y duración en el acto de lavarse las manos, teniendo en paralelo bien dispuesto su sistema de salud pública.

El gran economista Joseph Schumpeter defendía la tesis de que las grandes crisis económico-sociales producían efectos beneficiosos, en el sentido de que reordenaban el papel de los distintos agentes del mercado, dando valor a los que tenían buenos fundamentos tras ellos. En una época de excesivo apalancamiento como la actual, algunas empresas pueden sufrir mucho más que otras frente a la presumible caída de la demanda, de la misma forma que     –en sentido contrario–  las primeras rentabilizan mejor sus escasos fondos propios cuando el mercado va al alza. Éste es el juego y no otro en un mercado libre y competitivo.

La vida tiene un componente de riesgo que debemos aceptar. Las nuevas generaciones occidentales están acostumbradas a vivir entre algodones, sobreprotegidas. No nos confundamos. Decían los clásicos que una vida libre de riesgo está lejos de ser una vida sana.

Como empresa, somos plenamente conscientes de los riesgos a los que nos enfrentamos a partir de Abril, trabajamos desde casa para minimizarlos y para maximizar la satisfacción de nuestros clientes presentes y futuros, de nuestros empleados, proveedores y colaboradores. No tenemos ninguna duda que después de esta crisis deberemos trabajar arduamente codo con codo y cooperando intensamente para que nuestro ecosistema[i] salga reforzado y airoso de una cura de humildad tan seria como nos ha dado la naturaleza.

Pondremos todo nuestro empeño, pondremos toda nuestra Fe, en el futuro, toda nuestra Esperanza en un mundo mejor y toda nuestra Solidaridad para conseguir que juntos, cooperando, lo consigamos sin mayores esfuerzos.

Uno a uno somos mortales, juntos seremos eternos

Y si os faltan animos recordad este poema del poeta catalan Joan Maragall

Ama tu oficio, tu vocación, tu estrella,

aquello para lo que vives,

aquello que realmente eres,

uno entre los hombres.

Esfuérzate en tu quehacer como si de cada detalle que piensas,

de cada palabra que dices, de cada pieza que pones,

de cada golpe de martillo que des, dependiera la salvación de la humanidad.

Porque depende, créelo (…)

El mundo se arreglará bien él solo,

solo con hacer cada uno todo su deber, con amor.

Joan MaragallElogio del vivir.

[i] http://ociovital.com/2019/12/el-poder-de-los-ecosistemas/

Acerca de OcioVital Manel Colmenero

Gastronómada y Turistologo vocacional. Formador por afición, conferenciante y consultor ocasional. Comercializador turístico de Profesión. Escritor por pasión. https://es.linkedin.com/in/manuelcolmenerolarriba
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